Wir Sind Das Volk: Somos el pueblo

Con este grito “Wir sind das Volk” en octubre de 1989 el pueblo alemán de la RDA (República Democrática Alemana) reclamaba libertad de expresión, de pensamiento, libertad para viajar…

El grito chocó contra la insensibilidad y la inmovilidad de los jefes comunistas. Regía la ortodoxia del partido, bajo el dictado de los jefes, bajo la férula del jefe máximo, el Camarada Erik Hönecker.

Los alemanes que reclamaban libertad para cantar, para bailar, para escuchar música o para leer eran los obreros que madrugaban cada día para ir a las fábricas con puntualidad germánica: albañiles y soldadores; mecánicos y mineros; estibadores, conductores… el pueblo llano, el pueblo trabajador.

Los jerarcas comunistas no hicieron caso del grito “Wir sind das Volk” empero; el pueblo no desfalleció y acrecentó la intensidad de sus demandas “Wir sind das Volk” “Somos el pueblo” opuestas al ordeno y mando de la férula comunista que pronto quedó paralizada en su inmovilidad.

Luego, después, el grito dejó mudos a los jefes del partido: ellos siempre se habían considerado la voz del pueblo, los intérpretes máximos, infalibles, indiscutibles de la voluntad del pueblo.

“Nosotros somos el pueblo” resonaba día y noche en manifestaciones que se extendieron por toda Alemania Oriental hasta derribar el Muro de Berlín en noviembre de 1989. Derribo que puso fin a la dictadura comunista.

Los ciudadanos no se conformaron con las primeras reivindicaciones, y llegaron hasta el final: derribaron el régimen comunista. La autoridad de los jerarcas ejercida sin réplica durante décadas quedó reducida a nada en pocas horas.

En los últimos años en España, por no decir en los últimos meses, han surgido en “la piel de toro” nuevos líderes. Casi de un mes para otro estos nuevos intérpretes de la voluntad del pueblo han alcanzado importantes cotas de poder municipal, autonómico y nacional.

Estos nuevos jefes, de trayectoria desconocida en su mayoría, han interpretado que deben “reeducar” al pueblo, a las masas con una nueva cultura, una nueva formación.

Desde hace unos pocos meses, desde que se articuló el llamado “movimiento de los indignados” de mayo de 2010 en una organización política, los nuevos jefes quieren infundir en el pueblo una nueva cultura (la cual aún no se conoce) y a falta de ella, recurren a la prohibición de las existentes: quieren prohibir la tauromaquia como expresión cultural del pueblo.

Para ello, tan pronto como se apoderan del “Boletín Oficial” del municipio, la provincia o la comunidad autónoma, lanzan prohibiciones terminantes. Prohibiciones arropadas en eslóganes espurios, falsos como este: “la tortura no es cultura” o “los animales sienten como personas” y similares.

Sin embargo, el arte y la cultura de la tauromaquia hunde sus raíces en siglos y siglos de cultura, de cultura en libertad. Nosotros somos el pueblo es el grito que les dice a los nuevos jerarcas que el recurso al Boletín Oficial, al ordeno y mando, no extermina tradiciones del pueblo heredadas por los siglos.

Enfrentarse al pueblo tiene efectos adversos, muy adversos. Somos el pueblo, como expresión de la defensa del arte y cultura de la tauromaquia alcanzará idéntico vigor al Wir sind das Volk del pueblo alemán oriental, sometido durante décadas a la dictadura comunista.

Si los nuevos ‘jefes’ en España persisten en su ceguera y no respetan el arte y la cultura de la tauromaquia encontrarán sublevados a los obreros de la construcción y de la industria; los empleados que no llegan a mil euristas: mensajeros, camareros, dependientes, jornaleros, pequeños autónomos, agricultores, ganaderos… porque el arte y la cultura de la tauromaquia descansa sobre los sueños de “los de abajo” que defenderán “su” cultura aunque tengan que, como los alemanes, llevarse por delante al gobierno opresor.

En el caso de España, para los nuevos líderes que encabezan el profundo malestar de la sociedad con los gobernantes en estos años de crisis, el grito: “Nosotros somos el pueblo” significa que los políticos deben gestionar y solucionar los asuntos que les incumben (la crisis en la que hundieron al pueblo, por ejemplo) cuando ocupan posiciones de gobierno.

La tauromaquia, el arte, la cultura, compete al pueblo, pertenece al pueblo. Los aficionados somos el pueblo.

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