La tradición de animales en ferias, romerías y fiestas

¿Para cuándo la campaña contra la exhibición de bueyes, caballos y otros animales en romerías?

Lo que hacemos en la tierra, tiene eco en la eternidad. Lo que se hace en Madrid, tiene eco en toda España. Y la alcaldesa de Madrid ha decidido prohibir la presencia de animales en la Cabalgata de los Reyes Magos este 2016. Han desaparecido los camellos, e incluso el rebaño de ocas de “Miguelín” que cada año acompañaba con su colorido y alegres graznidos el desfile. ¿Y qué pasa con otros desfiles o ferias o romerías por toda España?

De la misma manera que Madrid es un altavoz para toda España, la Feria del Rocío adquiere idéntico valor para todas las romerías que se celebran en España.

Y ya han entrado con el cuchillo de la prohibición para cercenar otra tradición casi milenaria. Y lo mismo que el Rocío es una huella de identidad de Andalucía, así son las romerías por España y América, seña de identidad, de tradición, de cultura, entre otras cualidades preciosas.

Aprovechando que hace calor en el sur, y la mucha calor daña a las bestias; aprovechando que es costumbre realizar el camino santo acompañado de sus animales, ricamente enjaezados para la ocasión, y compartiendo los animales las horas del agua, del alimento y del descanso con las personas; aprovechando que hay animales que resultan heridos o fallecen en su camino al Santuario; aprovechando todo ello, los animalistas se lanzan contra el Rocío -igual que en Madrid lo han hecho contra las ocas- para prohibir la romería acompañados de animales. Para prohibir la convivencia tradicional entre personas y animales.

Y en este frenesí desatado, aprovechando el eco que alcanzan otras festividades, y lo hemos comprobado mil veces con la tauromaquia, no tardará en aparecer algún oportunista para reclamar la supresión de los caballos en la feria de Abril, o de Málaga o cualquier otra ciudad o pueblo de España.

¿Con qué razonamientos? No importan las razones; cualquiera les sirve a estos falsos cuidadores de animales: que los animales corren riesgo de lesionarse; que sufren estres; que las caballerías no pueden beber cuando quieren… ¡No importa! cualquier razón o sinrazón es bastante para estos falsos amigos de los animales.

No conozco a ninguno de estos animalistas que haya sido ganadero, que viva de la cría y el cuidado de los animales.

Sí tengo noticias de muchos que viven de la subvención, aferrados a la teta del estado, de la comunidad autónoma o del municipio; amigos interesados de los animales que dirigen perreras y otros establecimientos de acogida. Sin ninguna responsabilidad personal de muchos de ellos por lo que sucede con los animales de compañía que deberían cuidar.

Lo que hacemos en nuestros días tiene eco en la eternidad; y en la eternidad está escrito que el cuidado del ganado de los españoles se ha transmitido a otros países, a otros continentes.

En Francia, por ejemplo, la tauromaquia; en Estados Unidos, el Rodeo, son santo y seña de la cultura tradicional de España y la devoción del país de la “piel de toro” por los animales. Y esta cultura se ha traslado a otros países, como decía; y ahora es un rasgo del carácter de sus hombres y mujeres, como la corrida camarguesa, o el rodeo tejano.

Los animales, como las personas, nacen, crecen y mueren. Malmatar a un animal no está bien. Y está penado. La tradición española rechaza “malmatar,” repudia estas prácticas; y la más elevada expresión de este aborrecimiento es, precisamente, la tauromaquia; es en la suerte suprema.

Es aquí, en la hora de la verdad, donde se exige al matador actuar con eficacia en la “suerte suprema” eficacia que es limpieza en la ejecución y saber hurtar el cuerpo al toro herido, muy capaz aún en sus últimos latidos de segar una vida humana; hurtar el cuerpo a la muerte, en lucha de tú a tú, frente a frente, torero y bestia.

Aunque parezca una paradoja, debemos afirmar que este es el más alto ejemplo de respeto por la vida de un animal. Malmatar a un animal está penado. Como debería estar penado intentar “dar muerte” a tradiciones españolas como las romerías con animales; las ferias con desfiles de caballos, u otras manifestaciones artísticas y culturales de España.

Al menos debería estar penado con severas multas boicotear estas ferias y romerías; y deberían ser multas de idéntica cuantía (como mínimo) a la que sufren los “espontáneos” o “exhibicionistas” que asaltan los estadios de fútbol o las pistas de tenis para conseguir una foto, o exhibir una protesta.

No es defensa de los animales prohibir las romerías, los desfiles o la tauromaquia. Ayer atacaron la tauromaquia; hoy atacan los circos y la cabalgata de reyes. Para mañana, harán otro tanto con las romerías, sea el Rocío o cualquier otra.

Lo que hacemos en España, con una de las más ricas tradiciones ganaderas del mundo, como hemos demostrado, en defensa de los animales, tiene, sin duda, eco en la eternidad. Porque el tratamiento es humano: hombres y bestias comparten las penalidades del camino al Rocío, al santuario. Hombres y bestias progresan a la par en calidad de vida. Pero no debemos olvidar, y la tauromaquia es eso, que las personas debemos respetar a los animales y cumplir la tradición de manera recta, sin engaños, y con justicia.

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