Los yerros de los antis y de los medios

La tauromaquia es del pueblo. El público que acude a las corridas de toros, que llena las plazas en festejos menores y en fiestas taurinas populares es el pueblo, la gente común, la gente de la calle.

Sin embargo, desde hace algunos meses, en realidad desde hace unas campañas electorales, los ataques contra la tauromaquia, sus profesionales, aficionados y público en general han sido constantes, sostenidos, sin tregua y sin pararse en razonamiento alguno.

Todos esos ataques no han considerado ni juzgado la trascendencia de los toros. No han querido tener en cuenta que la tauromaquia es el segundo espectáculo de masas en Españas, después del fútbol. Como actividad económica genera más ingresos para el estado que el cine o el teatro. Como actividad industrial creadora de empleo mantiene unos 60.000 puestos de trabajo directos, y se estima tres veces más los indirectos.

Como actividad sostenible, es sin duda una de las principales industrias ecológicas: son centenares de miles de hectáreas que se conservan en “estado natural” para bienestar animal, en este caso, ganaderías de lidia.

Como no han parado en mientes para juzgar y reflexionar sobre todo lo anterior, sobre la importancia cultural, económica y ecológica de la tauromaquia, los ataques han sido furibundos por parte de partidos políticos como Podemos, o Izquierda Unida; al mismo carro se han subido algunos socialistas (“despistados” según son tildados por sus compañeros) también se han apuntado partidos nacionalistas de Cataluña y del País Vasco (éstos últimos extremistas han terminado por abandonar sus posiciones abolicionistas porque, sencillamente, estaban equivocados).

¿Quién ha resultado beneficiado de estos ataques? Cataluña, Valencia, incluso Madrid, Andalucía o Castilla la Mancha, y lo mismo Castilla y León, han visto, y sufrido, a lo largo y ancho de su geografía arremetidas sin parangón en la historia contra la tauromaquia.

La opinión dominante en las redes sociales, en los diarios y en numerosos medios de comunicación se ha decantado hacia los antitaurinos, a pesar de la brutalidad de la mayoría de sus defensas en estos mismos medios de comunicación. La falta de ecunimidad y objetividad ha sido muy visible en esas empresas de comunicación.

¿Y cuál es la realidad de los hechos? Según los resultados de las últimas elecciones, todos los partidos que han marcado abierto perfil antitaurino han perdido. Los nacionalistas catalanes, que prohibieron los toros en Cataluña, han perdido votos y representantes.

En el País Vasco, los nacionalistas de Bildu han sido desalojados de las principales plazas que gestionaban como San Sebastián. Tanto Bildu como Convergencia en Cataluña han quedado a punto de verse adelantados por el Partido Popular en estas últimas elecciones.

En Valencia o Castilla la Mancha, o Madrid, donde también se ha sufrido el acoso, los partidos abiertamente antis como Podemos han visto caer su apoyo. Y eso a pesar de acudir a las urnas en compañía de Izquierda Unida. Los comunistas han optado por una posición antitaurina recalcitrante. En votos, Podemos e Izquierda Unida han perdido uno de cada tres votantes en Madrid. Y en toda España su resultado ha sido decepcionante para su propias expectativas.

¿Quién y cuánto se ha beneficiado de esta moda antitaurina? Quien ha resultado premiado con el trabajo de otros ha sido el partido animalista. Aunque sus cifras, como vamos a ver, merecen consideración específica precisamente por haber retrado a la minoría antitaurina de España.

El Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA) obtuvo en las generales de 2011, 102.00 votos; en las de diciembre de 2015, 219.000, y en las del 26-J, nada menos que 284.000, pasando a ser la primera fuerza política extraparlamentaria.

Un poco más arriba he aludido a la decantación antitaurina de la mayoría de los medios de comunicación. Ese sesgo contrario a los toros no paraba en obstáculos (tampoco en razones) y era capaz de igualar una manifestación de 50 personas opuestas a una corrida de toros con los 10.000 espectadores de pago que llenaban una plaza de toros.

¿Cuántas veces un grupo minoritario “ha robado” la foto de una tarde de toros en los periódicos? ¿Cuántas veces unas imágenes de dos docenas de antitaurinos han protagonizado tertulias de televisión con una cierta audiencia en menoscabo de los miles de aficionados a la tauromaquia que pagaron su entrada para el espectáculo?

En la casi todas las ocasiones la minoría ha callado a la mayoría. Pues bien ¡ahí están las conclusiones! Retroceso de los partidos abiertamente antitaurinos. Y victoria -pírrica- del partido Pacma que iguala en derechos y deberes a bestias y personas.

Este es un hecho claro y contundente: el ataque sostenido contra la tauromaquia solo ha beneficiado a un partido extra parlamentario. Los grandes partidos antitaurinos como Podemos o Izquierda Unida han recibido el rechazo del pueblo. Partidos menores como CDC o ERC y antitaurinos de última hora como el Partido Socialista Obrero Español, otro tanto: no aumentan votos en su esportón por mucho que embistan contra la tauromaquia. Al contrario, se estacan o pierden en votos. Estos son los hechos y las cifras ya las hemos visto unos párrafos más arriba.

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