Que pierda el mejor

La política no solo hace extraños compañeros de viaje y compañeros de cama desconocidos, sino que también, en casos extremos, llega al asesinato -político- y al suicidio -político- también como medida para conservar el poder, para sobrevivir o en tercera instancia, para bien vivir. No hay paradoja ni contradicción, como se verá. Sólo ganas de vivir bien.

Hemos visto en España cómo un partido gana las elecciones y deja que sea otro el que gobierne (el Partido Socialista de Euskadi cedió la Partido Nacionalista Vasco Ajuria Enea habiendo ganado las elecciones en los años ochenta).

Hemos visto aunar fuerzas a partidos divergentes, como Esquerra Republicana y el Partit Socialiste de Catalunya, o PSC, unir fuerzas para formar gobiernos a dos o tres partidos.

Estaba claro el interés asesino de Esquerra para aniquilar a los socialistas -políticamente- catalanes, y lo ha conseguido: muchos se han pasado al partido “del Gordo” y, los que se quedan con Iceta, son cada vez menos. El PSC ha acabado desangrado tras sucesivas fugas y rendiciones de militantes y grupos propios, no es necesario dar ejemplos.

Hemos visto partidos caminar al suicidio, y ver cómo iban sus líderes al matadero, hasta entregar el partido a los jueces -quiebra económica- para pagar las últimas deudas. El caso del Partido Andalucista.

O como partido suicida, el más reciente ejemplo: Uniò en Cataluña. Socio de Govern de Convergencia durante muchas décadas. Durán i Lleida llegó a ser, incluso, el político más valorado ¡de España! y hoy es un abogado anónimo que trabaja en el bufete de abogados de un familiar. Para Uniò Democratica de Catalunya llegó el día en que sucedió lo previsto: desaparecieron, dejaron el partido con millones de deudas impagables, y se fueron a buscar una vida regalada a otra parte sus jefes.

Está pasando delante de nuestras narices, cómo otro partido se intenta suicidar -sin que se note, claro- pero en este caso como última medida de supervivencia y con objeto de pasar a una vida más cómoda y con los lujos de la vida política sin tener que soportar los gajes y malos tragos de este oficio.

¿Qué partido amenaza a sus militantes y votantes con mandarles a juicio si hacen una cosa o la contraria? ¿Qué partido lo está haciendo? Sí, hay un partido. Hay partidos que se suicidan, para mudar de piel, y volver a renacer. Una cosa y la contraria ¡Si lo haces, a juicio! ¿Y si no lo hago? ¡¡También!!

Hay un partido que ha amenazado tanto a sus votantes como a sus posibles votantes de que les mandará a los tribunales si le votan para gobernar: “Como me votéis y ganemos las elecciones… ¡acabáis en los tribunales!” -¡Eh! -“¡Sí, os llevamos a juicio!”

¡Ojo! ¡Y el votante pagará  las costas! Así que, ya lo sabe: “¡vóteme y le sangraré!” dicen.

Hace muchos años se publicó un librito en Francia en el que ponía como ejemplos a Giscard d’Estaing, derecha, compitiendo con Mitterrand, el socialista. El librito explicaba todas las medidas que tomó uno de ellos para perder las elecciones; sí, para perder. Y las perdió.

¿Por qué tomaba medidas desde el Gobierno para perder las elecciones? Pues para vivir mejor. En política el que gana, manda. Y el gobierno “porco governo” es culpable de todo y debe solucionar todos los problemas a los ciudadanos o de lo contrario, ni el presidente ni sus ministros, ni altos cargos podrán salir a pasear a la calle ni en vacaciones sin sufrir la ira del pueblo.

El Gobierno es responsable último de un policía poco cortés que responde mal a un ciudadano. Es culpable de la sequía y de las inundaciones. De los accidentes de tráfico. Del terrorismo. De todo es culpable el gobierno. El acoso mediático y en la calle a los altos gobernantes es permanente. ¿Verdad que eso no es vida? ¿Para eso querido te haces jefe, para no poder salir al restaurante? ¿Comprendéis por qué el que manda pasa muy malos ratos solo y en pareja y en grupo de amigos? Es mejor estar en la oposición. Sin duda.

Pasa tanto tiempo el gobierno tratando de escapar de estas acusaciones que le llueven desde todos lados, que no puede apuntarse los triunfos, que no puede dictar titulares hablando de las cosas que van bien, sea lo que sea: la inflación, la economía, el paro, las exportaciones…

Al contrario, es la oposición la que “vendimia” al gobierno estos titulares puesto que manda a los ministros a tapar vías de agua por todo el territorio. Y mientras un ministro está en un funeral o en zona inundada, es la oposición la que -como mínimo- no es blanco de las críticas -primera ventaja- y, de añadido, recibe felicitaciones por todo -segunda- y, como tercer beneficio, recibe la promesa de voto en futuras elecciones (‘que el diablo te lleve a ti y a tu voto, a mí déjame vivir bien en la oposición’ ¿quién busca problemas? así responde en silencio el político que quiere vivir sin problemas.)

Y esto está pasando en nuestros días en España.

Aquel viejo librito editado por dos catedráticos de la Sorbona de París demostraba con razones y datos la teoría. Y no sólo acudían a ejemplos de sus coetáneos y paisanos. Ejemplos de Alemania y Gran Bretaña adobaban la tesis de los gobernantes que quieren perder… ¡Jugar para perder! Y que sea otro el que saque a los ciudadanos las castañas del fuego.

Y, más cerca, en Cataluña ¿quién quiere perder? ¿Y cómo lo hace? ¿Qué hace a fin de convencer a sus votantes para que no voten en el futuro a su partido?¿Quién amenaza a sus votantes? ¿Quién amenaza a sus militantes? ¿Y cómo hacerlo sin que se note demasiado?

Aquí está la prueba. Porque el dirigente tiene que disimular: muchos militantes trabajan para el gobierno y perderían su puesto si el jefe manda a los suyos a la oposición. Y está el militante honesto que trabaja para el programa de su partido: pega carteles, acude a los mitines, aplaude ciegamente… porque cree en esas ideas. Es obligado esconder el golpe y que no se note cómo la alta dirigencia “juega para perder”.

¿Qué hace el líder para tirar la piedra y esconder la mano? ¿Cómo es posible hacerlo mal sin que se note? ¿Cómo puedo perder las elecciones y escapar del tormento de gobernar? Y además, por supuesto, seguir viviendo de la política. ¿Cómo hacerlo? ¿Qué hacer?

Aquí, en esta frase, en este enlace, está la solución: “Quien no pague impuestos al Estado propio será obligado”

Qué haría usted como dueño de una empresa con 3, 30 o 60 o 100 empleados que vende a todos los catalanes y por toda España: ¿Cómo soluciona el problema?  ¿Pagará impuestos a Hacienda de todos? ¿Y luego a la Hacienda “catalana”? ¿Pagará DOS veces? ¡Pagará el DOBLE! ¡No! Ninguna empresa puede sobrevivir tributando a dos haciendas.  Y si solo tributa a una de ellas, el juez de la otra le sacará -con recargo- su parte de impuestos. No, nadie sobrevive a esta sangría.

¿A quién votarías? Te pregunto lector, si eres autónomo o empleado y Mariano Rajoy te dice: “como me votes, te verás ante el juez”.

¿A quién votarás? ¡A cualquiera menos al que me meta en problemas! sería la respuesta del lector. Cada ciudadano tiene sus propios problemas como para, encima, votar a un partido que amenaza con más problemas y más graves aún, y encima “a mi costa” ¡que te vote tu tía!. Esta es la respuesta del ciudadano sensato. Sencilla, elemental.

Pues la solución es fácil: no se vota a ese partido. Y es tan sencilla que, de pura simpleza, hasta Puigdemont y sus asesores lo tienen que haber pensado antes de soltar una declaración de ese tenor ¿no?

“Debemos abandonar el gobierno” ha pensado el sanedrín de Convergència, “antes de que los hechos nos arrollen, antes de que sea demasiado tarde”. “Dejen de votarnos o nos vemos en los tribunales”. Nosotros, el alto sanedrín queremos seguir en política, sí; pero desde la oposición, ¡oiga! Desde la oposición se vive mejor ¿No es cierto Sr. Artur Mas? Artur Mas puede acabar inhabilitado mientras los de ERC -cómplices en mucho por las medidas tomadas- se van de rositas ¡desde la oposición!

¿Acaso piensas querido lector que Puigdemont dejó caer la frase “a lo tonto” y sin intención? No. Es una frase bien medida, meditada, y consensuada con el alto mando ¡abandonemos el barco antes de vernos como Uniò! ¡Que sea otro partido el que vaya por delante en el campo de minas que estamos sembrando!

En conclusión, la cúpula convergente busca la retirada; quiere pasar a la oposición -sin que se note demasiado-.

Con esta pista significativa “in mente” debemos ayudar a todos los taurinos catalanes, especialmente a los no independentistas, pero también a los independentistas, a recuperar la tauromaquia en Cataluña: Convergència, o PDECat ha entrado en un programa de retroceso para perder las elecciones y pasar a la oposición.

Mano izquierda para dominar al morlaco. No dejarse llevar por los fanáticos independentistas. Y fijarse en las sombras, en lo que no se ve: “La dirigencia, el sanedrín, el “alto mando” de Convergència o PDECat quiere perder las próximas elecciones” y pasar a la oposición.

 

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