50 años de Lamborghini Miura 2

La varita de la magia es el estaquillador

Ferruccio Lamborghini, según cuentan los años, acabó fabricando un sueño. Sin embargo, entonces, hace ahora 50 años, aquel hijo de viticultores y aficionado a la mecánica que fabricaba tractores no sabía muy bien qué tipo de sueño.

Esta frase redonda de Frank Sinatra: “Si quieres ser alguien, conduces un Ferrari. Si ya eres alguien, tienes un Lamborghini” remata aquellos afanes del agricultor en la cincuentena, aficionado a los coches y fabricante de tractores y maquinaria agrícola que cumplió el reto de superar a Ferrari.

Aquella disputa sobre la mala calidad de un embrague de la marca Ferrari para los varios modelos de ésta -y otras marcas más- que poseía el fabricante de tractores Lamborghini, terminó en un desafío que, en realidad, culminaba el afán perfeccionista del hijo del viticultor Lamborghini, Ferruccio Elio Arturo.

Si de los restos de vehículos y chatarra que había dejado la II Guerra Mundial en Italia, Ferruccio Lamborghini fabricó una marca de tractores; su experiencia y talento multiplicado en aquellos años de penurias materiales y técnicas, le impulsó a retarse a sí mismo, en un desafío “ciego” y visceral para superar a Enzo Ferrari.

“Fuera de aquí, labriego” le espetó Enzo Ferrari, el Cavallieri, la figura indiscutible de la Italia industrial, tecnológica y creativa de entonces. Esto sucedió el día que disputaron por la mala calidad de los embragues de Ferrari.

“Fabricaré máquinas mejores que las tuyas” le respondió Ferrucci.

La historia dice que lo consiguió. El trabajo de sus ingenieros, combinado con el diseño del nuevo vehículo; el afán de transformar en arte lo que hacía, culminaron un proceso que marcó una época y aún hoy, sigue como un sueño actual y real.

50 años después. Y, acaso, la segunda parte más importante de esta historia está en la elección del nombre “miura” para su máquina en 1966.

¿Dónde está la magia de estos deportivos? ¿Qué distinguía un Ferrari de un Lamborghini 350 GT? Ferrari llevaba décadas fabricando motores y carrocerías. Lamborghini, meses.

La película The Italian Job en 1969 culminó la publicidad de su obra: toda la primera secuencia la protagoniza un Lamborghini de color naranja. Esta película está clasificada entre las 30 mejores del cine inglés de todos los tiempos. Aquel coche que presentó con prisas en 1966 sería tres años después el protagonista del film (Un trabajo en Italia) desplazando a otras marcas consolidadas en su primera secuencia.

The Italian Job narra la aventura de unos ladrones profesionales que acuden a Italia para robar una tonelada de oro con tres vehículos de la marca Mini Morris. Y lo consiguen después de provocar un atasco monumental y escapar -en los minis- por tejados, escaleras, calles… en una sincronización perfecta contra el caos circulatorio que habían causado.

La imagen del Lamborghini triunfa en ese film y desplaza a todos los demás coches de llujo de la época. Incluyendo los Ferrari. Pero otra cosa es la pureza, la esencia, la magia el “alma” de la máquina de color naranja que campea por enriscadas carreteras. Eso es algo que infunde la imaginación. El carácter de Ferrari y los demás fabricantes de coches de lujo había sido superado. La técnica y el diseño Lamborghini se impuso.

Personalidad. Esencia. Pureza

Volvamos sobre la mítica frase del mito Frank Sinatra: “Si quieres ser alguien, conduces un Ferrari. Si ya eres alguien, un Lamboghini” para indagar en este misterio encerrado en una frase que cautiva la imaginación de cualquiera hasta en el último rincón del mundo.

Y el hallazgo es el nombre. Es una palabra. Y esta palabra es “Miura”. Esta voz dotará de alma a un chasis que, en realidad, no era mejor que el Ferrari. Tampoco el motor. Solo eran distintos. Quizá algo mejores Ferrari en un aspecto. Lamborghini en otro.

Pero la varita mágica va a ser el palillo, el estaquillador del torero que levanta la capa y “olé” transmuta la fuerza, la magia, el espíritu animal que pasa a Lamborghini. La suerte estaba echada. El Raging Bull gana al Cavallino Rampante.

Hablamos de los mediados de los años sesenta. En estos años la televisión lleva las corridas de toros a cada rincón del mundo.

Hasta entonces la tauromaquia pertenecía a los países taurinos, y los públicos del mundo ignoraban qué era una corrida de toros: no había imágenes, solo fotografías, dibujos, pinturas… hasta esos años no había llegado al resto del mundo la película completa de una tarde de toros, la lidia de seis toros. Ese misterio, esa fuerza telúrica, ese magnetismo del ruedo hacia el resto del mundo aparece en estos años. Conecta, transmite… la prueba está ahí en el sueño tecnológico y artístico de un Lamborghini.

La magia del torero que domina al toro bravo y lo hace según los cánones del arte de la tauromaquia se transmutó a esta máquina, hasta entonces un número 350GT.

Bastó el bautismo con el nombre de “miura.” Con la sola elección del nombre. Y el instinto de Ferruccio acertó. El toro de combate da carácter, imprime ese misterio en sus coches.

Podemos concluir que Ferruccio Lamborghini sólo tuvo que leer lo que pasaba en la calles de España para cautivar la imaginación de los públicos de todo el mundo.

Hoy, 50 años después, la marca Lamborghini y los nombres de sus coches son el epítome, el resumen del portento tecnológico y artístico de la belleza caótica de Italia y el Mediterráneo. Y el invisible tamiz de la tauromaquia.

Y nos queda hablar del futuro Lamborghini, el modelo tercero, previsto para 2018. El segundo, el Countach , será tema de conversación para otro día.

Ya bautizado, el tercero, continúa la saga: será el Urus. En cuanto a tecnología y diseño, continuará la leyenda, sostienen en Italia los nuevos propietarios, ajenos a la familia Ferruccio Lamborghini desde hace años.

 

50 años después, el toro, de la tauromaquia, de los países taurinos, vuelve a dar nombre a una máquina revolucionaria que seguirá ahí, marcando la diferencia entre máquinas perfectas en diseño y tecnología. Ferrari y otros. Y Lamborghini.

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