Luz y sombra. Y toros bravos

Decía ayer Valle Inclán que el torero es el héroe de la tragedia que él mismo representa en la plaza; a veces, en lugar de recrear el papel de héroe, crea una farsa o una comedia, matizaba el genial gallego.

fotos-tve-60-anos-7Dicho esto, los tiempos cambian e influyen en la percepción del toreo, del arte. Cambian para el protagonista, el torero; cambian para su rival, el toro; y cambia también la percepción, la valoración de la tauromaquia para el público.

La llegada del cinematógrafo, de la televisión -tve, por ejemplo, cumple 60 años estos días- y los medios actuales de reproducción masiva de imágenes han modificado la tauromaquia.

02-la-tragedia-es-real-pEl toreo “antiguo” en el que el matador agota la resistencia del toro poco a poco hasta la suerte final, cedió protagonismo ante el “toreo artístico” previo a la suerte definitiva. Todavía se valoran las faenas de bravura ¡cómo no! Sin embargo, la estética del toreo devino cada vez más importante, y será con el tiempo la dominante. Y en los otros tercios también. El par “de poder a poder” se valora mucho. Pero no tanto como otras suertes de banderillear.

Y llegaron las escuelas de tauromaquia. Como no podía ser de otro modo, la enseñanza de esta profesión adquirió un rango superior. Igual que la filosofía de Aristóteles “peripatética” o enseñada mientras caminaba con sus discípulos dió paso a la Academia de Platón, algo similar sucedió con la tauromaquia.

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imagen tomada de: corredordeencierros.blogospot.com.es 

La enseñanza ya no se hacía “alrededor” de la plaza de toros; la formación del torero se completaba en aulas, ruedos específicos, talleres, series de audiovisuales, se estudia la crónica de un periodista, la historia de un torero, o la importancia de un tuit; etcétera.

Las escuelas antiguas dieron paso a las modernas academias que hoy en día disponen de medios que dejarían muy impresionados a los maletillas a lo largo de la historia. Conocer a los toros de cada ganadería; conocer a los maestros del pasado y a los actuales; conocer el gusto del público, es ahora una enseñanza que ejercen profesionales destacados. Y en la práctica, cada plaza de primera tiene su escuela; y muchas de segunda categoría, también; y existen escuelas de zonas taurinas, sin más.

Sumado el aprendizaje clásico y los libros, más el cine, la televisión y la reproducción masiva actual de la obra de arte, y las academias incluso ¡pásmense! ¡de alto rendimiento! Sumado y estudiado -al detalle- cada uno de estos factores, ¿queda lugar para la tragedia en el toreo? ¿Acaso es mayormente comedia o farsa como apunta el genial gallego?

Este año de 2016 hemos visto que sí. Por desgracia, el sepulvedano Víctor Barrios entregó su vida; y antes, un novillero anónimo de nombre Renato Motta, el mayor de 6 hermanos… Por citar dos ejemplos, y que me sean perdonadas las ausencias. El toro, aunque no tenga academias (las hay para gatos), ni cines (hay series para perros), ni enseñantes, sigue siendo toro, toro bravo. La llama de la tragedia ilumina el toreo; el fuego de la bravura,  da aliento al toro.

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