Señor Sánchez, hágase taurino

Ha dejado su acta de diputado Don Pedro Sánchez; ha dejado sus blasones, los símbolos de poder, y sale a los caminos armado con un hatillo de ideas al encuentro demonosabio “los militantes” para recabar su aplauso, su confianza y su voto y así recuperar los símbolos de poder, los blasones, y el acta de diputado, con los cuales Pedro Sánchez volvería a su origen: candidato a presidente para salvar al pueblo -español- de los malos gobiernos.

Nadie podemos negar que la piel de toro ha padecido malos gobiernos con resultados diversos. Han habido cosas buenas, y aquí siempre hay división de opiniones. Y muy malas. Y en estas coincidimos a millones en España, en las malas.

Pero, además, también muchos males para explicar las cosas que compartimos -por ejemplo, la tauromaquia. Hay cosas que han ido peor, como la economía. Otras, se encuentran en pésimo estado y con mal remedio: como las consecuencias de gastar más de lo que se ingresa.

un-sonador-para-un-puebloGastar más de lo que se ingresa obliga a hipotecar algo; y luego devover lo gastado de más; y los préstamos; y pagando intereses caros, con dinero de pensiones, educación, sanidad…

Y otros entuertos más de nuestra política que conducen a una situación podrida, también ha habido del tipo “quítate tú, que me pongo yo” por ejemplo. Nadie puede negar que se necesita “Un soñador para un pueblo” como tituló en su día el taurino de más que asistir al ruedo, de sentimiento.

Y Pedro Sánchez ha salido a los caminos para alcanzar en contacto con la militancia, y suponemos que con los simpatizantes, y los votantes, también, y los abstenidos asimismo, para alcanzar con todos ellos el conocimiento de los problemas, y de las soluciones, para volver a la posición de salida, y disputar no ya la posición de diputado, a la que ha renunciado, sino la candidatura para la más alta responsabilidad de la nación, la opción a ser elegido presidente del Gobierno.

Aquí le muestro un atajo que le llevará a todo ello, y por la vía rápida: hágase taurino. No sólo acepte la fiesta. Hágase taurino. No necesita acudir a los festejos. Basta con una defensa, aunque tímida, de los valores de la tauromaquia, algunhazte-taurinoa palabra de comprensión al mundo de los toros… unas pocas palabras, y miles de taurinos que en política apuntan a la izquierda le seguirán como si fuera usted el nuevo flautista de Hamelín.

Hágase taurino. Defienda la fiesta con un par de frases, y se convertirá usted con ayuda de miles, cientos de miles, en un candidato con las opciones que luego le den los votos.

Pero hágase taurino antes de que alguien se le adelante: Garzón, el joven comunista, por ejemplo; o cualquiera de los candidatos de segunda línea siempre dispuestos a asegurarse plaza de diputado.

Hágase taurino, adelántese a la competencia, Señor Sánchez, y no habrá Ibex 35, poder fáctico o mediático que le detenga. Pero cuanto antes, mejor.

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