Los privilegiados del sistema: la vaca Margarita y sus nuevos amos

Uno de los rasgos del poder es su discrecionalidad. Y cuando más arbitraria, más caprichosa parezca, mayor es su eficacia para demostrar quién manda. Calígula nombró cónsul a su caballo (a costa del erario público) y dejó bien claro quién ostentaba el poder.
Sirva el caso de Calígula para obviar otras exhibiciones de poder con ríos de sangre, años de sufrimiento -como las condenas de Stalin a deportación y trabajos forzados a etnias enteras- porque no es necesario. El poder está para ser usado.
Ahí está el caso más reciente del portavoz de Podemos en el Senado, Ramón Espinar, ese joven cuyo padre es beneficiario de las tarjetas black de Bankia -ingresos opacos al fisco- el joven senador reclama boicot a Coca-Cola a los demás. En cambio, él toma doble de la bebida azucarada y lo hace con publicidad además. ¿Por qué? Para demostrar quién manda.
Unos mandan, y otros obedecen. Y quién manda igual firma una sentencia de muerte, que come especies en peligro de extinción, o se toma una cocacola: para la psicología de las masas queda demostrado quién es el capitoste, el mandamás.
El privilegio es la potestad de los que mandan. A unos nombran marqueses, o condeses -en general a cambio de algo-. Los animalistas han visto la ocasión, y han saltado sobre la misma con sus garras bien afiladas: han otorgado un privilegio -o quieren otorgarlo- a una vaca “sin papeles” bautizada como “Margarita”.
Su privilegio será vivir del erario público sin producir nada hasta el fin de sus días(techo, comida, higiene, sanidad…, ya saben ustedes, bienestar animal completo).
Margarita, -resumiendo el artículo que enlazo- es hija de una vaca brava. Jamás ha sido útil para las personas. Hasta ahora no ha reportado ningún beneficio, ni a la sociedad -a las personas- ni a la naturaleza. Su propietario la recibió como regalo, y durante cuatro años la ha mantenido a su costa particular en un prado vallado. En estos días, a causa de una denuncia de un vecino, la autoridad veterinaria del municipio, señala que el animal debe ser sacrificado porque así lo prescriben las ordenanzas.
Los animalistas han visto en esta aplicación de la ley natural -o de la ley humana- sino aportas, no recibes, si no produces no comes, han visto cómo mostrar su poder y se han lanzado en tromba.
Han montado una campaña de recogida de firmas -por internet-. ¿Qué quieren mostrar con esta campaña? Que los animalistas están por encima de la leyes, que pueden otorgar privilegios. Los animalistas exigen que no se sacrifique al animal, y que la vaca Margarita pase sus días atada a la ubre del presupuesto público. Y tal y como está el patio, los que mandan otorgarán el privilegio, la vaca vivirá hasta el fin de sus días a costa de la vida de niños como éste, por ejemplo. Sin haber aportado un libro de leche; sin haber aportado, a la sociedad o a la naturaleza, ni un ternero.

 

 

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